Ocho razones para el Ocho de Marzo

Disclaimer: Este post lo ha escrito el único chico de aquí. Es que al llegar me he cruzado con mis compañeras que, vestidas de morado y al grito de #yoparo, salían de la oficina con ánimo de reivindicar las muchas cosas por las que sigue siendo necesario reivindicarse. Este post es para ellas y para todas las compañeras que cada día tienen que pelear el doble y enfrentarse a toda clase de violencias simplemente por ser y existir como mujeres.

Igual has caído alguna vez en la tentación de pensar que el Día Internacional de la Mujer es uno más en la larga lista de Dias Internacionales de cosas diversas que no sabes por qué se celebran ni para que sirven, una suerte de hermanos pequeños y poco agraciados de días así como de mucha enjundia: Navidad, el día de la madre o la patrona de ese pueblo al que vas siempre de vacaciones. Antes de que alguien te regale un croissant pocho y te felicite por ser mujer o, peor, antes de que vayas tú y lo regales (que ya te vale), permíteme que te recuerde porque hoy no hay nada que celebrar, pero mucho por lo que protestar.

1. Para que no se convierta en la semana de oro del Corte Inglés. Quiero empezar recordándote por qué se celebra hoy el Día Internacional de la Mujer. A pesar de que el rodillo  de la maquinaria del consumo haya conseguido dejar caer el “Trabajadora” que solía ondear en el nombre de esta efeméride, los origenes y espíritu de esta convocatoria han sido siempre de naturaleza sindical y reivindicativa. Sucesos como el incendio de la fábrica Triangle en 1911 que acabó con la vida de 149 personas, la mayor parte mujeres, o la huelga de las trabajadoras rusas en 1917 como consecuencia de la muerte de dos millones de soldados en la guerra, fueron configurando lo que se convertiría en este día señalado.

2. Por la lacra innegable que supone la violencia machista. Una lacra transnacional y transversal, que amenaza de manera permanente a la mitad de la población mundial, que no entiende de clases sociales (aunque se ceba en las desposeídas), de nacionalidades (aunque repunte en los países mas pobres) y que, lejos de estar camino de desaparecer, parece una hidra a la que por cada cabeza que se corta, le nacen siete. Las cifras de este inicio de año de nuestro país debieran ser alarma más que suficiente. Pero lejos la realidad demuestra cada día, que estamos muy lejos de empezar a resolver este problema.

3. Por la brecha salarial, que algunos se empeñan en decir que eso qué es, pero ya te digo yo a ti que está a mitad de camino entre el gran cañón del colorado y la fosa de las marianas. Lo cierto es que, por más que hayan cambiado las condiciones de las trabajadoras desde 1913, si lo han hecho ha sido siempre a rebufo de la mejora en las condiciones de ellos. A día de hoy, en la práctica totalidad del mundo, ser mujer y trabajar supone bien hacer lo mismo por menos dinero, estar expuesta a condiciones laborales peores, sufrir acoso sexual en el trabajo, la conciliación es un chiste y para que te escuchen en la oficina tienes que hacer el doble pino puente lateral (¿eso existe?), hasta cuando eres la jefa. Incluso en movimientos sociales y organizaciones del tercer sector, donde las cifras de participación femenina son apabullantemente superiores, la mayor parte de personas al cargo, con puestos de relevancia o con proyección mediática, son hombres.

4. Por que no hay derecho a pasar miedo cuando caminas sola por la calle. O cuando sales a bailar, o cuando vas al trabajo o cuando se te ocurre la descabellada idea de, no sé, ser una humana independiente e individual que no lleva a un maromo al lado haciendo de guardaespaldas. Como te estoy viendo ya fruncir el ceño y a punto de decirme que exagero, que no es para tanto, te propongo un ejercicio: coge a las primeras diez mujeres de tu vida que se te ocurran (dime, por dios, que hay más de diez mujeres en tu vida con las que te puedes sentar a hablar, antes de que te mande a un centro de reeducación) y pregúntales. Que te cuenten cuantas veces se han sentido acosadas, cuantas veces les han gritado barbaridades por la calle, desde un coche o al pasar delante de una obra (clásico inmarcesible). Pregúntales cuántas veces han recibido comentarios no solicitados sobre su cuerpo, cuantas veces han intentado sobarlas en el metro o en un garito por la noche. Cuantas veces han vuelto a casa tarde por la noche y solas con el corazón a punto de salir por la boca y con las llaves o el movil en la mano temiendo lo peor. Y luego me lo cuentas.

5. Porque la invisibilización y la objetificación son realidades cotidianas, observables y, al parecer, validadas sin problemas por muchos sectores relevantes de la sociedad. ¿Cuantas mujeres relevantes para la historia de la ciencia eres capaz de nombrar? ¿Cuantas mujeres reciben o han recibido la consideración que merecen sus logros en cualquier materia de lo humano eres capaz de nombrar del tirón? Igual qué, cinco o diez. Fíjate, si me dices más de veinte (ojo, en dosmil y pico años de ná) y no tienes una suscripción a Pikara te invito a cenar con quien quieras donde tu quieras. La realidad es que además de ser mucho más difícil para una mujer abrirse paso hasta un puesto de relevancia, recibir fondos para una investigación o que un comisario artístico te mire el portafolio antes que las tetas, ya vendrá alguien a coger tu logro, hacer una pelotilla con él y preguntarte si estas a dieta, si te exfolias, cual es tu modista favorito o qué encuentras atractivo en un hombre (porque claro, además tendrás que ser cishetero, sólo faltaba). Luego ya si eso el olvido.

6. Para que el cuerpo femenino deje de ser objeto de constante debate, cosificación y represión. Tienes que ser madre, profesional, IT girl y ser un pivón. Vamos que tienes que ser Beyoncé, pero calladita y sin dar guerra. Y aunque lo seas, prepárate para que te digan como te tienes que sentir por ser madre, para que te digan lo que eres si decides no serlo o si se te ocurre salir un día a cenar. Tienes que vivir un constante bombardeo para sentirte como una mierda porque, peses lo que peses, siempre serás una gorda despreciable, que ya te cuenta inditex a ti lo que es tener curvas y como amarlas. Tus pezones son la puerta de entrada del demonio y hay que censurarlos de cualquier red social si los enseñas tú, pero tienes la obligación de enseñárselos a todo aquel a quien le apetezca y enseñar hasta la hucha del domund en toda aquella expresión audiovisual de cultura contemporánea. Si te declaras feminista y un día se te ve el contorno de pecho en una foto que te ha hecho el mejor fotógrafo de moda de los últimos cincuenta años te van a dar lo tuyo ellos y tus compañeras. Y cuando enfermes de algo que casi solo puedes tener tú, como un cáncer de mama, más te vale vestirte de rosa, sonreír y dejar de quejarte en un enorme pedo de superpositividad, que si no molestas. Todo guay.

7. Porque ahora lo trendy es decir que el feminismo es el equivalente ideológico de un señor bajito que horneó al gas a una etnia entera. Ausipiciados en los mismos 30 señores que se han muerto de nosequé todos los años, en la más aguda dialéctica del cuñadismo, en todas las estadísiticas falsas del planeta tierra y en una especie de revival light de los años 50, ahora resulta que si te declaras feminista (esto es, defensora de una ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismo derechos de los hombres, según la RAE que es supersospechosa de representar al conclave internacional de lesbianas mata hombres, con eminentes representantes de la progresía y el feminismo como Pérez Reverte y Javier Marías), eres lo peor, estas oprimiendo super fuerte a un montón de hombres blancos cis hetero  y básicamente representas todos los males de la modernidad. Si tienes dudas sobre esto, yo de verdad que no sé que hacer contigo, más allá de ponerte este video de Malena Pichot, para que veas lo super en serio que te tomo:

8. Por que no se trata solo de ti. Igual todo lo que te he contado antes te suena a chino, a dramatización de la realidad (aunque la realidad ya es bastante drama ella solita) o a exageración. Igual piensas (pobre de ti) que en tu idílica vida de consumer blanca, pequeñoburguesa y confortable, ya has tocado techo en lo que a tus derechos se refiere. Que no vives bajo opresión, amenaza o peligro alguno por el hecho de ser mujer, o que esas cosas les pasan a otras mujeres, no a las que te rodean. Pues igual tampoco es mala cosa el que recuerdes, un día como hoy, que no todo el mundo en todas las partes del planeta va a la misma velocidad que tú. Que hay niñas obligadas a casarse con 12 años por ahí para ser sistemáticamente violadas por sus recientes maridos, con el beneplácito de sus familias y sociedades. Mujeres apedreadas por no querer seguir con sus maridos o a las que se amputa el clítoris porque no quiera el señor que el sexo sirva para nada más que procrear o les cause disfrute. Muy loco todo. Pero muy de todos los días. Así que igual, igual, hoy podrías hacer algo a ese respecto, si es que tu vida es tan perfecta. Si eso.

Así que por todas estas razones, y por muchas más que me dejo en el tintero porque ni yo soy tu google, ni me apetece estropear lo chuli que me queda que sean ocho puntos para el ocho de marzo, te invito a que salgas hoy a gritar a pulmón partido a cualquiera de las convocatorias oficiales, a que te sientes a escuchar lo que tienen que decir tus compañeras, a que intentes hacer una cosa, una aunque sea, mejor de la que lo hacías ayer y a que te cuestiones, te deconstruyas y te plantees muy seriamente que papel juegas tú en todo esto. Y ya que estamos a que mañana, cuando ya no sea el día de nada, sigas haciéndolo.

#niunamenos

Javier

Javier Gamonal

Fotógrafo y diseñador. Amante de las emulsiones antiguas, los fogones y los libros que no llaman la atención de (casi) nadie. Comprometido con la causa feminista en la segunda línea que me corresponde y con la defensa de los que no tienen voz. Soy muy de escribir, y de escribir muy largo.